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relatos literarios

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“ECOS DE UN PASADO REAL”

 Una luz exultante me invita a dar un largo paseo en una tarde en la que en el horizonte observo ese color anaranjado de un fuego intenso cubriendo las laderas, donde en un tiempo estaban nuestros queridos majuelos.

  Las altas montañas que en el horizonte  asoman, son  hermosos tatuajes que adornan  la llanura ya reseca, varios chopos y álamos blancos diseminados por todo el contorno, dejan caer poco a poco sus hojas tapizando la cañada; entonces  me llega un sonido de cencerros, balidos y voces que interrumpen el silencio de una apacible tarde ya casi otoñal y  que su sonido va llegando cada vez más nítido; miro al horizonte y observo a lo lejos un rebaño de ovejas merinas…

 Mi sorpresa es infinita, y me viene a la memoria aquellos años, que siendo niña las veía llegar con esos sonidos de cencerros y ladridos de los mastines que iban de un lado para otro procurando que el rebaño no se esparciera; y de nuevo al llegar septiembre volvían de regreso  de las verdes praderas a terrenos más cálidos dejando atrás el frío, que a partir de ese mes, se dejaba sentir en los valles y montañas del norte.

 Sorprendida por lo que veía, me quedo de pie mirando como el rebaño sin detenerse, sigue ligero por la cañada, mientras alguno de los perros se acerca hasta mí, y sin más, sigue su camino a la voz del pastor que le llama.

 De esa manera, remonto al pasado, y como entre sueños las veo como llegan rápidamente al pueblo  dirigiéndose a descansar en un corral que como era  ya costumbre, lo venían haciendo durante años. Pronto se corre la voz que ya estaban en las eras las merinas y los chiquillos acompañados por mozas y mozos del pueblo, se acercan para darles la bienvenida.

  También las madres de esos jóvenes alguno de esos años en que pasaron por este pueblo, podrían haberse acercado, y repiqueteando con sus dedos la piel curtida con las que están hechas las panderetas, empezarían a entonar viejas canciones de todos conocidas; los mozos y mozas, ya sin poderse contener, se unirían en parejas y bailarían con esa alegría que les caracteriza a la juventud de este pueblo, Incluso los más pequeños  imitándoles, les seguirían sus pasos.

  El sol escondido, deja paso a una incipiente oscuridad que va cubriendo poco a poco la explanada;  la luna llena, ya en lo alto, no es lo suficiente luminosa para darles claridad a los que allí se han reunido. Por lo que  los pastores encienden  una gran fogata. (No hay que olvidar, que en aquellos años en los pueblos la luz era muy escasa en las casas, por lo tanto en las afueras del pueblo la oscuridad era completa) dando paso a una extraordinaria claridad, que anima aún más a los que allí felices bailaban.

 Mientras los pastores mayores preparan la cena, los más jóvenes también se divertirían con la música y canciones que les ofrecían esas buenas mujeres.

 La noche ya avanzada, les hace recogerse; madres e hijos van marchando para sus casas, no sin antes,  despedirse de los pastores deseándoles buen viaje, y con el deseo de que el próximo año volvieran a verse.

 Al díasiguiente antes de amanecer, seguirían su camino, rumbo al sur con dirección a los cálidos pastos de Extremadura.

 Y así  sin darme cuenta, desapareció de mi vista aquel rebaño volviendo a la realidad, dándome cuenta que el deseado sol  se había ocultado tras los pinos y robles que crecían en las laderas, y que por ese día, mi paseo había concluido.

 Pero en estos escasos momentos, en lo que me quedé absorta recordando aquellos tiempos, pasaron delante de mí unas imágenes tan reales, como lo que acababa de contemplar.

 Imelda Pérez Delgado- Villambroz-2018.

  

 “El desconocido”

 Cuando la realidad se mezcla con la ficción

 Seguía caminando cabizbajo y con un paso tan lento que apenas lograba avanzar por el sendero tortuoso y empedrado por el que sin darse cuenta se había adentrado. Su cabeza le daba vueltas y el sentido de la orientación perdida, no le dejaba encontrar lo que sin duda era la razón de aquella misión que en un tiempo se había propuesto llevar a cabo.

 Su vestimenta desarrapada y con unas botas rotas por la suela, no le ayudaban a sentirse animado; no podía encontrar una salida para aquella engorrosa situación.

 Pero no por ello dejó de contemplar aquel paisaje que le fascinaba; esa extensa llanura donde podía disfrutar con los cambiantes tonos que producen la variedad de cereales, cuando unos están a punto de ser recolectados, y otros aún conservan ese arco iris de colores que produce su maduración, acompañados por el salpicado de amapolas y azulejos que se mantenían expectantes levantando sus cabezas.

 Observó como en un gran roble, una urraca había colocado su casa.

 De esta manera se le fue pasando el tiempo, y llegó un momento en que la noche estaba tan negra, que por más que anduvo y desanduvo no logró dar con la senda que le llevara a su destino.

 Así fue como se encontró sólo al amanecer, en aquel lugar de donde no sabía salir.

 Siguió andando sin rumbo y ya exhausto, se sentó sobre una gran piedra, acariciando su larga barba canosa y aunque casi no podía ver a su alrededor por la fatiga que sentía y aquel sol incandescente que había logrado convertir los cantos en brasas que le quemaba los pies, logró leer unas letras que en la piedra había escritas:

 “Aldea a 200 varas”

 Se incorporó lo más rápido que sus piernas le permitieron tropezando con los cantos que se le cruzaban en el camino. Pero la espesura de un bosque de robles, le impedían ver más allá de un paso. Al fin logró divisar la aldea.

  Su cara y ánimo debieron de cambiar, pues ya no notaba el dolor de pies, que hace unos momentos le resultaba insoportable.

  Pero de pronto oyó grandes carcajadas y murmullo de voces; de vez en cuando se oían palabras en un idioma que le resultaba desconocido para él.

 La casas de la aldea eran de planta baja, construidas de barrial  aunque a algunas las habían blanqueado con cal; sus ventanas eran muy pequeñas, y todas tenían en sus tejados, esbeltas chimeneas de adobe.

 ¿Qué pasaba en esa aldea?

  A la puerta de la primera casa que llegó, había un hombre muy asustado, y le preguntó: ¿Qué voces y algarabía es esa que se oye? Y el hombre entre sollozos le dijo que los franceses habían ocupado la aldea, se habían hecho los amos de sus pertenencias, y que les iban a dejar en la ruina. El anciano caminante, se quedó sin palabras y apesadumbrado.

 También el hombre de la aldea le contó que los franceses, habían extendido la mies que tenían en las eras por las calles para que sirviera de cama a los 2000 hombres que componían aquel escuadrón. Estaban de paso, hacia Salamanca, donde se batirían en duelo con los ingleses en unas semanas.

 Mediaba el mes de agosto, y los campos en esa aldea ya estaban segados con la mayoría de los cereales en las eras.

 ¿De dónde había salido, o dónde vivía este anciano? ¿Por qué a esa edad había decidido viajar él solo?

 Curioso recorrió calle por calle, y pudo comprobar lo que el vecino le había contado. Habló con la gente de la aldea, interesándose por todo lo que les sucedía y tranquilizándoles con palabras de esperanza y paz en los años venideros.

 Su amabilidad les entusiasmó, y todos los aldeanos querían que compartiera con ellos la escasa comida que habían logrado guardar, antes de requisarles sus despensas.

 Le dieron posada y comida para pasar la noche, y cuando los aldeanos se levantaron, con las voces y el relinchar de los caballos, el anciano había desaparecido.  Así tal como vino se fue, y nunca más volvieron a saber de él.

 Pero tuvieron una gran alegría para compensar la marcha de aquel buen hombre. Los franceses, que pensaban pasar allí una semana con lo que esto conllevaba, se fueron del pueblo al amanecer y ya no volvieron a tener más problemas durante esa guerra que asolaba y devastaba el territorio español.

 Pero los aldeanos le seguían recordando con el paso de los años, por el impacto tan agradable que habían recibido de ese desconocido, ya que había penetrado muy hondo en sus corazones.

 Todo lo que ocurrió ese día en la aldea, fue pasando de boca en boca durante años, quedando la idea que el desconocido había llegado en un momento en que la desesperación y abatimiento había calado en esas gentes, y él vino para ayudarles.

 Por lo que algún aldeano cuando ya había pasado mucho tiempo, se atrevió a pensar lo siguiente:

 “Puede ser que aquel buen santo 
 que como patrón tuvieron, 
 les viniera a consolar 
 en este terrible evento.”


Imelda Pérez Delgado

Villambroz-2018

 

 

 
LIBROS


Estamos otra vez, frente a un nuevo e interesante libro de IMELDA PÉREZ DELGADO.
  

Imelda nació el año 1949 en Villambroz, (Palencia), zona de amplias parameras con espectaculares vistas y sorprendente paisaje en las cercanías de las llanuras de Tierra de Campos. Consiguió una buena formación en el colegio de las filipenses de Palencia. Tiene un especial interés por la creación literaria, preferentemente poemas y relatos. Domina a la perfección la técnica del haiku a lo que acompaña con otra de sus habilidades, la fotografía. Contacta y comparte en redes sociales con sus creaciones literarias, especialmente en foros poéticos de Facebook, donde es conocida y aplaudida por sus seguidores.  Tiene además otro libro publicado “POEMAS DE NATURALEZA Y VIDA”  donde se inicia  aportando poemas con su propio sello, amante y conocedora de la tierra que la vio nacer.
 

El libro se divide en tres partes.

   

PRIMERA PARTE DEL LIBRO: Poética versificada, plasmando ideas de la vida real, contadas con naturalidad. Gran capacidad observadora. Arranca versos del paisaje que ve, de una flor, de un compromiso, de las parameras donde está asentado su pueblo, de las limitaciones del paisaje, horizontes con montañas, de animales, fuentes y fauna.  Su técnica es bastante lograda, se desenvuelve muy bien en décimas, cuartetos, serventesios, sonetos y romances, logrando una lírica ajustada al contenido de cada poema.

   

 EN LA SEGUNDA PARTE, recoge una serie de RELATOS, entrañablemente curiosos, y con una gran aportación humana. describe la vida de una niña en ese despliegue desde la  infancia hasta la adolescencia; lo que ve, lo que observa y de lo que disfruta y sus reacciones.

 “Tarde de lluvia plomiza”, envuelve este relato de una tarde con truenos y apagada la luz de la casa, en la idea de trasladarse en el recuerdo a las “edades del candil y cuenta cuentos”, contado con una brillantez que acaba sintiéndose uno el protagonista de la escena. D. Lorenzo, maestro revivido en un sueño… Imelda sabe encontrar la parte humana que apuesta por la naturaleza y el mundo de las aves y animales silvestres. Una avecilla volverá al patio donde fue cariñosamente curada de una herida. La idea de salvar a un corzo de un cazador, será el premio de devolver la tranquilidad a un corazón depresivo…

TERCERA PARTE  Aporta dos cuentos, que Imelda compuso siendo una colegiala aún de corta edad. Están llenos de simpatía, en un correcto castellano, ágiles de lectura y con mensaje
Indiscutiblemente los páramos y las grandes llanuras de la Meseta Castellana son un atractivo para todo aquel que disfrute con la naturaleza. También el legado de sus gentes, simpatía, capacidad de diálogo y generosa entrega... Imelda ha recogido en este libro páginas de auténtico sabor a la tierra chica,  con entusiasmo y orgullo de quien ama  su lugar de origen...

                                                               .                                                                                  
Máximo Pérez Gonzalo



PRESENTACIÓN  EN ESTA WEB DEL  LIBRO
“VILLAMBROZ. El poder de un pasado rural”


Claves a tener en cuenta cuando se lea este libro.

Es una novela histórica, costumbrista y crítica.
Es una
novela peculiar, pues no sigue ninguno de los protocolos clásicos: inicio del entramado, desarrollo del mismo y desenlace.   Es una novela costumbrista en el sentido de que las escenas que se describen forman parte del mundo rural del pasado de un pueblo del páramo palentino, Villambroz.
Es una novela histórica ya que todos los hechos narrados, lugares descritos y personajes que aparecen son reales del pasado de Villambroz. Es una novela crítica pues la vida de los personajes se desarrolla dentro de un marco sociológico concreto y como tal se describen las distintas escenas.
Así  también la vida social de Villambroz se enjuicia con parámetros reglados por la Etica Social. Y, finalmente, el marco ecológico donde se desarrolla toda la vida del pasado de Villambroz es un escenario específico que corresponde a uno de los páramos palentinos, atravesado por la Cañada Oriental Leonesa y paralelo al torrente Cueza de Cabañas.

Para que el recuerdo de tu pueblo no se diluya en el olvido, el conjunto de los 205 retazos rurales aspiran a ser una historia novelada, con ciertas tildes sociológicas y moralizantes, asi como con algunas salpicaduras de sano e ingenuo humor. Los múltiples personajes que aparecen en las sucesivas escenas, conforman al protagonista único, Villambroz.

No esperes encontrar en ellos relumbrantes hazañas. La vida de estos antepasados transcurre dentro de los parámetros de la sencillez y la normalidad.
Pero esto no excluye que aquella gente tuviera una vida plena de valores morales, mezclados, claro está, con las miserias propias de todo ser humano. Ahora bien, el fiel de la balanza, en sus casos, está inclinado más hacia los valores que a las miserias.
El contenido de estas páginas, no es otro que el resultado de conjuntar las múltiples piezas del puzle, de variadas figuras y rico colorido. Por separado, puede que estos retazos no digan nada, pero debidamente compaginados en la mente del lector, darán una visión completa del pasado rural de Villambroz.

Nos encontramos en este escenario del páramo a personas con nombres y apellidos reales, que crearon ese pasado. Pero la imaginación del escritor las ha colocado en situaciones que transcienden el lugar y tiempo.
Desde los primeros retazos rurales de la prehistoria de Villambroz, hasta los inmediatos antepasados nuestros, en todos subyace el único intento: vivir en libertad en este páramo. Poder decir siempre "mis ovejas" y "mis tierras". Y han creído siempre conseguir estas legítimas pretensiones, a fuerza de trabajar en este páramo y sacarle todas las virtudes encerradas celosamente en su suelo: ganadería y agricultura. 
 



poemas de naturaleza y vida


Imelda Pérez Delgado

UNO Editorial       pg. 87
Villambroz 2017

      

Debo de reconocer que en el mundo de la poesía, se encuentra uno a veces con las sorpresas más halagadoras y enternecedoras de personas que sin haber tenido la ocasión de una formación rigurosa en la técnica poética, consiguen un entramado de versos, vibrante, armónico y con toda una belleza de rigurosa espontaneidad y buen quehacer lingüístico. Tal es el caso de María Imelda Pérez Delgado.
Imelda nació a finales de 1949 en Villambroz, un pueblecito en las cercanías y páramos de Saldaña, provincia de Palencia. Iniciada en el campo, labores veraniegas de la era y trilla, saboreando desde pequeña la espectacular grandeza de las enormes llanuras de Castilla, con sus adorables amaneceres y puestas de sol. Tuvo una buena educación de joven en el colegio de las Filipenses en la capital.

Leyendo este libro titulado “poemas de naturaleza y vida” de Imelda, uno llega a comprender la gran percepción humanística y poética de esta amante del verso. Sus poemas se identifican con lo que observa y traslada un fiel retrato de todo su entorno, devolviendo a la vida recuerdos y vivencias actuales, y llenando páginas impregnadas de las más tiernas emociones arrancadas de los propios avatares del momento y de la vida.
Todo su discurso clarificado en versos y en dos partes, lo programa en el libro como poemas de "Naturaleza y vida", correspondiendo a la primera parte, "la Naturaleza", todo lo relacionado con lo que se ve. Su observación no tiene límites y desgrana sus versos en poemas como "Amaneciendo en el campo". "La fuente del hontín", "Las margaritas de mi patio", "La serpiente y el sapo".
En la seguelegancia parte del libro recoge con elegancia calados de grandeza humana, con todo el sabor y colorido de la "Vida" misma. Todo en poemas cargados en sentimientos y en donde el paisaje redondea los avatares del entusiasmo, con todo lo que dan de sí los pormenores de la propia existencia , donde a veces se ríe, donde veces se llora. Así encontramos poemas como "La vida a diluierse", "Sueños del alma", "La vela", "La felcidad", "Mísera vida".
Estoy seguro de que el lector quedará complacido en la lectura de este entretenido y logrado libro "Poemas de naturaleza y vida", donde la palabra cala directamente al corazón y a la mente, transmite su fondo de ternura y nobleza heredada de la patria chica, asentada en Villambroz, gente de sencillez y arraigo de transparente entusiasmo y calidad de vida.
Mi aplauso a Imelda, sin olvidar a su padre, Señor Esteban, cartero también en mi pueblo y a quien tantos favores le quedé a deber.

Máximo Pérez Gonzalo




TEATRO

El grupo paredeño de teatro “Algadón” llevará su auto de la pasión a cuatro escenarios.

 Su propuesta escénica podrá verse en el Teatro Ortega de Palencia el día 4 de Abril a las 20,30 horas, en la iglesia de Villambroz el día 8 de Abril a las 21,00 horas, en San Pedro Cultural de Becerril de Campos el día 9 de Abril a las 21,00 horas, y en el Centro de Interpretación “Tierra de Campos” de Paredes de Nava el día 15 de Abril a las 22,00 horas.

El grupo paredeño de teatro Aldagón, estuvieron en Villambroz el 8 de Abril de 2017, representando en la Iglesia :"El Auto de la Pasión".  La asistencia fue muy numerosa, y la Iglesia estuvo al completo. Aquí algunas fotos del momento

  

  
   
   
     



 
CULTURA MUSICAL

Concierto de música Sacra en Villambroz 

Sábado Santo    26 Marzo 2016

                          

                      

 

   

¡Hola amigos de "Mi pueblito Villambroz"! Queríamos invitarlos al concierto que daremos en vuestro pueblo, Villambroz, el próximo Sábado Santo, 26 de marzo a las 17:00h. en la Iglesia de Santa Inés, con motivo de la Semana Santa. 
Somos el Dúo Mar de Campos, integrado por Ana Clara Vera (soprano) y Álvaro Rubén García (piano). Esperamos pasar una tarde agradable y solemne junto a todos vosotros. Los esperamos, un cordial saludo!! 

(Tomado de la web "Mi pueblito Villambroz" en Facebook) 


LITERATURA


Mi querida hija ...

El día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme mi querida hija...
Si cuando hablo contigo, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste”, solamente escúchame por favor...
Y recuerda los tiempos en que tú eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida...
Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña...
Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada...
Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente... vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida...
El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor mi querida hija, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme...
Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar... y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante... Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches...
Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos...
Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor...
Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré...
Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija...

Tu mamá.

UN JOVEN PIENSA ASI

  Cuando somos niños soñamos con cosas pequeñas, sencillas. Un helado, un juguete o una bicicleta. Cuando nos hacemos mayores nuestros sueños cambian con nosotros, y se vuelven complejos, igual que nosotros. Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se topan de frente con la realidad, porque la realidad a menudo es radicalmente distinta a como uno cree que es. Las personas no siempre son lo que aparentan ser, ni las relaciones, y mucho menos los sueños. Y esa realidad es la que se encarga de poner a cada uno en su sitio. Lo que uno cree que es negro, puede ser blanco, y lo que uno cree que es blanco, probablemente sea de todos los colores del arcoiris. Uno sabe como empiezan las cosas, pero nunca sabes como van a terminar.
                                                                                                                                   SERGIO COLINO
Día de la madre 2015

                                     LAS MADRES PARA LOS HIJOS

Pensando en el dia de mañana,limpiando el cuarto de mi hijo me encontre un escrito el cual quiero compartir y dedicarselo a todas las madres,en especial a la mia.
Cuando somos niños creemos que mama todo lo puede,que no se cansa,que no sufre...Esa imagen que guardamos de ella,con el tiempo no coincide con la que vemos al ser adultos.Entonces descubrimos que mama tambien sufre,se c...ansa,esta triste,no tiene fuerza,calla ocultando el dolor...La vemos,como una heroina,sobrevivir a grandes tragedias,llevarnos de la mano conteniendonos y mostrandon os la vida siempre del lado mas hermoso.De niños no entendemos sus lagrimas,de mayores nos preocupan.Asi como nosotros necesitamos tantas veces la proteccion de sus brazos fuertes,la comprension de nuestros gestos o nuestros silencios,nuestro dolor,ella tambien nos necesita.Por eso podemos detenernos y observarla,abrazarla y hacer que sienta que estamos ahi,que nos importa y es valiosa.Asi la devolveremos el mas hermoso sentimiento que nos enseño,el que lleva paz y tranquilidad en los momentos dificiles de la vida,el que nos minimiza el dolor,ell que nos hace luchar por nuestros sueños e ideales.Pero sobre todo,nos enseña a dar sin pedir nada a cambio;el AMOR. Gracias ama . El hijo SERGIO para su madre ESTRELLA



MI TORRE FAVORITA. Antes y después de entrar en "quirófano"            

Desde una prudente distancia, con la seguridad añadida de dos pilastras en su cara oeste, contempla mi torre favorita la infancia del río Cueza con actitud displicente y burlona en verano y con inquietud y disgusto en las crecidas del invierno.   Seis troneras, cortadas en la parte superior de sus robustos muros, se intercambian postales repetidas sobre los terrenos del entorno en los colores verde, marrón y beige de siempre. A través del ojo fisgón de buey, situado en la parte inferior de la fachada de poniente, bancos y retablos del templo conversan sosegadamente con el sol de la tarde sobre infinitud y transcendencia, unas veces, sobre luz y temperatura, otras. Reúne mi torre favorita, como algunas hermanas del páramo, la austeridad del canto, el mortero y el ladrillo, así como el lujo (para estas tierras) de la piedra en esquinas y cimientos. Son materiales que comparte con su iglesia, adoptando una misma piel y formando un mismo cuerpo, en peculiar relación que supera la simple hermandad.
Corazones tan piadosos como sensatos y altivos quisieron, tres siglos atrás, que mi torre favorita fuera, a la vez, exhibición humana frente a la llanura, sin exceso en el adorno; plegaria de gratitud y gemido, de aleluya y ruego a la Providencia; referencia física y horaria; símbolo que representa a la villa, autoridad que pastorea sus construcciones y vigilante que asegura reposo y silencio en el cementerio contiguo; ojo y garganta, catalejo y pregonero de las escasas novedades del discurrir cotidiano; coral y monaguillo en bautizos, bodas y funerales, o sea, en momentos en los que la vida se manifiesta o desaparece entre emociones solemnes.
La severa pedagogía del clima ha transformado poco a poco mi torre favorita en apéndice y prolongación de la tierra, es decir, en parte misma del paisaje parameño como cualquier chopo, ladera o arroyo. Los latigazos de la lluvia y heladas invernales, así como el persistente aguijoneo del sol de verano, han curtido su piel, dejando un acabado en liquen verde-gris, alternando con el marrón de los cantos, y han convertido en irregulares los ángulos de esquinas y troneras. A través de estos conductos y oquedades, de los arañazos que se hacen visibles entre ladrillos y demás elementos por la pérdida de mortero, ensaya el viento, en las jornadas de mayor tristeza y melancolía, canciones sosas, repetidas y sin sentido que ni asustan ni llaman la atención.
   
  Disfrutaba antaño mi torre favorita, en los días de procesión y cohetes, con el diálogo jubiloso de sus dos campanas, invadido a veces por las discordantes intervenciones del esquilo. En otros momentos le servían de distracción el jolgorio y ajetreo diarios de mozos y chiquillos, cuyos planes y travesuras conocía y guardaba en secreto con forzado disimulo. Hoy en día, debido a la escasez de juventud que suba volando por el escalerón, ya no puede ofrecer aquellas lágrimas negras de bronce amigo, ni el pausado, entrañable y pesaroso recordatorio, que servían para anunciar a todos los vecinos el turno para el pésame y la solidaridad con algún hogar dolorido. A falta de todo lo anterior, mi torre favorita debe conformarse con silencio y soledad o, como mucho, con los ruidos estridentes, primarios y rockeros de vencejos, gorriones y cigüeñas, que han establecido allí sus nidos sin más contemplaciones.

Algunos visitantes, que desconocen la naturaleza del páramo, suelen decir que mi torre favorita no es alta, ni bella, ni famosa. Yo les repito, sin demasiada esperanza pero recurriendo a la rima, que no necesita ser alta, pues en la llanura con dominar el propio territorio ya basta. Que no necesita ser bella, pues nació para ser torre y no “estrella”. Y que no necesita ser famosa, pues la conocemos y queremos sus vecinos, que no es poca cosa.          

David Ibáñez Caminero 
(Octubre 2008)

LOA  A  VILLAMBROZ

  Definiria a mi pueblo Villambroz, como a un tiempo infinito, un espacio que origina un lugar que solo a sus nativos puede enamorar. Pero sobre todo es un elenco de almas nobles, que pasaron unas, permanecen otras. Escaso número de personas bullen hoy por sus calles, pero mayor es el que se extiende por la piel de toro, e incluso egregios personajes son luz de mundos amarillentos y oscurecidos. Dejo a entendimientos altos y a plumas duchas pintar bonituras y lindezas de nuestra tierra; me ocuparé de lo intrínseco, si es que vence la osadía a la cordura.
Pasan ya más de cuatro décadas desde que, por milagro, vieran mis ojos la luz en ese bendito pueblo. Ese tiempo es un alfarero que con mano garrula va formando el objeto, que va pariendo deforme el torno de la vida. Pesimista era yo, gracias a experiencias malas y decepciones peores. Pero el maestro del barro pulió la línea grotesca y apareció forma armoniosa. Dime cuenta entonces de lo bueno, de lo noble, que por serlo pasa desaparecido entre la aborrecible iniquidad.
Recuerdo que la casa consistorial se levantó mediante prestación personal. Solo cobraban los albañiles. Además del trabajo directo, la obra se empezó con cinco mil pesetas de todos y cada uno de los vecinos, sin el más mínimo desacuerdo. La obra era muy necesaria para mejorar la vida práctica de todos. Sin embargo el frontón no, y tambien se hizo con el mismo sistema. Como mejoró la vida de la gente que prestó su trabajo cuando le tocaba...nada seguramente. Pero se realizó, y eso engrandece al pueblo. Apunto ahora que me viene a la memoria, que el proyecto del frotón emanó de aquellas reuniones de hermanos; (que es lo que éramos entonces los jóvenes del pueblo). Las reuniones aludidas se realizaban en la casa rectoral, y suplicaría que los nuevos inquilinos no dieran más motivos para que se les pueda cerrar sus puertas. 

   Meritoria obra la del frotón. Y qué decir del pozo artesiano y el tendido de agua corriente, que tambien lo construyó el paisanage con sus propias manos.Como no mencionar el hormigón que regleó para pavimentar sus calles. Válidos o medio inválidos, todos trabajamos complementando fuerzas y esfuerzos. Gran parte de las calles se ejecutaron así, haciendo cundir muy mucho las ayudas recibidas.
Permítaseme a estas alturas tomar un respiro y poder así desinflar mi orgullo que pudiera estorbar a la imparcialidad. Amén de discordias fatuas que son omnipresentes en el mundo como es la sombra al objeto, siempre recuerdo de mi pueblo una buena vecindad, gran copañerismo y mejores anfitriones. Justo es decir, y además alto porque todo forma mi pueblo, que siempre hubo comportamientos ominosos, aborrecibles, execrables y esperpénticos. Tampoco faltan estafernos cansados de no hacer nada. Pero aun así, y todavía hoy, mi pueblo no sería Sodoma ni Gomorra, y es el sentimiento que nos tiene que guiar. La reparación de la iglesia y de la torre es buena prueba de ello. ¿No es acaso un orgullo que la reparación de la torre completa se sufraga con donativos individuales y la Junta Vecinal, mas aquellos que esta?¿No es un orgullo que tamaña faraónica obra quede pagada tan pronto que terminada? Y aquí siento como deber hacer una mención especial a nuestra querida suplente en la Junta Parroquial, y de la que esperamos para nuestra desgracia se nos aleje físicamente en corto tiempo, buscando espacio para batir sus alas. Gracias por tu dedicación al bien común.
Todo prueba que hay más luces que sombras en nuestro pueblo. Que se han hecho cosas muy importantes y como autoconsejo: hay que tener los sentidos abiertos al árbol que crece y las orejas cerradas al árbol que ruidoso cae.
 
                       
3 de agosto del 2009.
           
Amando Velasco González


SENDAS PERDIDAS. el sendero de la torre

  Un cordelillo de tierra calva serpenteaba sin recato del coro al caño, o viceversa, de la fuente a la torre. Su existencia dependía del empeño y actividad cotidianas de personas y animales, o sea, de la colaboración de patas y zapatos, alpargatas y pezuñas. Era el senderillo del caño (pues a él 
me estoy refiriendo) ave fénix que año tras año sobrevivía venciendo en el otoño los ataques del arado en las tierras y huertas de su recorrido, y los desafíos de alfalfas, cereales y demás hierbas que surgían impetuosas en cada primavera. 
Así perduraba como un elemento importante en la vida de las personas y respetando casi milimétricamente el mismo trazado, como siguiendo un proyecto imaginario, no escrito en lugar alguno y siempre con la misma dimensión: para una sola persona, para un solo perro, para un solo asno. De uno en uno, sin doble carril, como pensado para animar el paso, disuadir la conversación, y recordar que el tiempo es oro. Para las mentes de nuestras madres el senderillo fue siempre ruta velocísima y sin curvas, favorecida por un supuesto viento a favor. Solo así se entiende la eterna cantinela después del periodo escolar de cada tarde: “¡ve en un momento y trae agua del caño!”.¿Un momento? ¡Se dice bien con dos palabras! 
En la práctica sin embargo, jamás hubo otro lugar donde el tiempo, la distancia y el espacio fueran tan relativos: un cuarto de hora se transformaba con facilidad en media tarde, un escaso kilómetro se convertía en cinco o seis, según el número y atractivo de los estímulos que se presentaban al caminante en esta senda. Y es que, a decir verdad, el senderillo era un poco de todo: museo de botánica unas veces, plaza pública o senado en ocasiones, también lugar de batalla y ajuste de cuentas ( y entonces volaban piedras o tabones apuntando con mala intención a los inocentes botijos), y por no faltar, igualmente funcionaba como laboratorio de zoología, cementerio de botijos o escenario de cortejo donde se tiraban los primeros tejos o se fijaba la mirada en seductoras anatomías que transitaban por allí.
 
    Era el senderillo balconada abierta a las más variadas tentaciones infantiles: allí el huerto con sus frutos apetitosos, más cerca los indicios de la presencia de un pajarillo y su nido, aquí mismo unas acederas deliciosas, y por doquier el sonido ambiental a cargo de grillos impertinentes y ranas vocingleras, o la seductora visión de tímidas florecillas, observadas con arrobo por los chopos cercanos, y nacidas con la finalidad de tapizar el monumento de Semana Santa o perfumar las jornadas marianas de mayo.Hoy, sin embargo, agoniza el senderillo herido por una triple estocada: le viene la primera de parte del pozo artesiano que en el corazón mismo del pueblo nos descubrió que el agua más limpia, saludable y abundante de la provincia…está bajo nuestros pies y no a un kilómetro. Una segunda herida la ocasionó ese río nuestro con título de arroyo, tan impetuoso en invierno como zángano en verano, que un día no dudó en recurrir a la rima para advertir: “o me hacéis más profundo o todo lo inundo”. Hubo que hacerle caso para evitar otros males y a golpe de excavadora se corto de un tajo el senderillo. La tercera estocada, en fin, definitiva y mortal, viene con la despoblación: en un pueblo vacío, ¡qué simpleza!, no hay población. 
Sin población no hay caminantes. Sin caminantes no hay sendero. Y sin este también merman los recuerdos, el ánimo y la vida.No pido que volváis con vuestros pasos a dar vida al senderillo ( es de 
insensatos perseguir lo imposible) pero, al menos, cuando miréis por las troneras de nuestra desmejorada torre, en los tranquilos paseos por esa carretera que pide una próxima reforma, o sentados en las construcciones que arropan el caño, saboread con la imaginación estos recuerdos que he desgranado, pues en cierto modo continúa viviendo aquello que la memoria de un pueblo reconoce y ama como propio.

David Ibáñez. Agosto 2.005

2010.  ¿CRISIS EN NAVIDAD? 
Como ya es público y notorio por todos los que me conocéis, llegando estas fechas navideñas, intento como años anteriores construir mi propio Belén. 
Este año, a priori, se me antoja difícil ya que el presupuesto conlleva una reducción del 5%, pero no hay problema, más arena y menos cemento, aprieto un par de ojales el cinturón e intensifico el ingenio, no existe mal que por bien no venga.
Me acerco a la ventanilla del ayuntamiento y entrego mi solicitud de reforma del Belén; la señorita de la ventanilla muy sonriente me comenta que este año apenas han recibido un par de instancias de nueva construcción, el resto son de reforma,” atrás quedan aquellos tiempos en los que,… “ eso me tranquiliza ya que en esta sociedad de la imagen y del “qué dirán”, tengo que consolarme con “el mal de muchos…”
Ojeo mi agenda y hago recuento del personal: Pablo el pastor y sus ovejas, Olegario el alfarero, Águeda la anciana, Bernardo el estudiante, los tres Reyes Magos (que han prometido su presencia),… San José, María,… de personal ando genial. Y si no, basta con acercarme a las filas del I.N.E.M.
Hasta finales de mes cuento con la prestación de los 2500 euros por nacimiento de bebe; con ello comprare una cuna espectacular para el peque, la que tenía ha quedado muy incómoda y obsoleta, he ojeado por internet y me fascina el modelo “paramin”; por fin, el pequeñín, no tendrá que dormir en aquellas duras pajas que le producían rozaduras, ahora con la nueva cuna convertible, además de tener airbag incorporado se amolda fácilmente al peso y cuando “Jesusito” adquiera mayor tamaño solo es necesario pulsar un botón y se hace cama visco elástica con 25 canciones para endulzar sueños. 
Y para colmo de la suerte, con la factura de la luz del belén del año pasado, me han dado un bono canjeable en Correos por unas bombillas nuevas; parecen luciérnagas, cómo alumbran y que poco gastan; este año el niño tendrá un hogar de cuento de hadas, que rabien Leonor y Sofía.
Hago balance: proyecto de reforma, materiales, cuna convertible, bombillas, Currículum Vitae,.. Creo que lo tengo todo. 
Telefoneo a Pablo el Pastor, apenas cinco minutos después se presenta en casa con sus ovejas; ¡ pues si que están famélicas y sarnosas estas criaturas !; el forraje está por las nubes y apenas la producción de leche da para mantenerlas; a Pablo tampoco le veo jovial y risueño como años anteriores, he leído en una hoja de berza (de esas que llegan a mis manos) que están elaborando el borrador de la nueva PAC y todo apunta que el futuro ganadero de Pablo tenga los días contados; disimulo como que no sé nada del asunto y así evito entristecerlo; se ubican en su lugar correspondiente. 
Ring, ring, -Si,¿ Olegario el alfarero?. -no perdone se ha equivocado ya no vive aquí, tramitaron un “ERE” en su empresa y se ha traslado a vivir con sus padres y toda su familia. -Usted perdone. (Suerte que aún guardaba el número de teléfono de sus padres)…. Bueno ya cuento con otro. 
Sin apenas tiempo para un respiro se presenta Bernardo el estudiante, parece que fue ayer cuando hacía de zagalillo en el belén, y ya ves, ahora peina veintiséis y luce una prominente y espesa barba; me comenta que ya es Ingeniero en Sistemas Computacionales, pero como de lo suyo no sale nada, está inmerso en el mundo de las oposiciones; mucho pesebre y poco grano, sonríe mientras me dedica una mirada tierna y lisonjera. 
Con el trajín, casi me olvido, telefonearé a los Reyes Magos, que con el problema de los controladores aéreos este año no podrán venir en avión y tendrán que partir ya, si quieren hacer acto de presencia el próximo 5 de enero.
Contesto por el portero automático la casi insonora llamada y espero tiempo prudencial para abrir la puerta; por la mirilla descubro el rostro de Águeda la anciana; temblorosa y discreta; con una mano apoya parsimoniosa pero estable el bastón, mientras que con la otra se agarra a la barandilla para coronar el último escalón al tiempo que exhala un suspiro; Se acerca a mí, aproxima su mejilla y me insinúa un beso de bienvenida, no hace falta que nos digamos nada, ya son muchos años, muchas experiencias, apenas me mira y se adentra en mis pensamientos; si más, se sitúa en el viejo pero robusto sillón que ocupa un lugar privilegiado dentro de mi belén. …………. 
Ahora sí, ya estamos todos; cada uno con sus ilusiones y sus incertidumbres; con sus alegrías y sus penas,… pero estamos todos, que es lo importante; surgen espontáneamente las risas y las anécdotas deambulan por el salón, incluso Joaquín el borrachín se arranca con eso de “saca la bota María”,… Este año a mi me toca representar el papel de San José y a Marian, mi mujer, el de María; quizás por inexperto y primerizo tengo un nudo en el estomago; pero en medio de ésta, mi familia y ante este elenco espectacular de profesionales, nada puede fallar.
Subo dos grados el termostato de la calefacción, contemplo por última vez la escena y no, no son las luces nuevas, ni la espectacular cuna que preside el centro del hogar;… un año más seguimos siendo el “number one” de los belenes; es algo enfático e indescriptible, pero “algo”, en definitiva, que hace que esta noche sea una noche especial; las ovejas rumian gozosas; Pablo el Pastor simpatiza con Alicia la del supermercado y hasta Águeda la anciana, tritura con agilidad el turrón con el único diente que le queda; y por supuesto Marian ha olvidado sus clases magistrales de preparación al parto y apenas se incomoda con las contracciones propias de estos instantes previos al gran momento…… 
PEQUEÑIN no tengas prisa, ven esta noche o el 15 de enero, pero eso si VEN! ………….Desde la estepa Ocañense ¡Feliz Navidad! 
                       
Juan Carlos Ríos Guerra

UN INTRUSO

     Puede que resulte clasicismo, tradición o entusiasmo religioso, lo cierto es que soy de las personas que llegando estas fechas tan entrañables (lotería, turrones, regalos, cotillón, nacimiento de Jesús), lleno de mesas mi comedor y las saturo de musgo, papel de plata, piedras, trozos de madera,... y desempolvo mis antiguas figuras de resina colocándolas de forma “rutinaria” y casi repetitiva que años anteriores, formando así mi pequeño nacimiento.

Y todas las noches, cuando la casa está dormida, y antes de apagar las luces de mi Belén, observo como duerme los pastores en el chozo, bosteza los guardias de Herodes y el molino gira sus aspas en silencio.

Coloco mis pequeñas figuritas; y así es que, enderezo el pavo, ya que el pobre es tan viejo que aún tiene las patas de plomo y se cae fácilmente; adelanto un pelín los camellos de los Reyes magos, calculando al milímetro la distancia y el tiempo que les queda para que llegue la noche mágica del 5 de enero; riego el musgo con una botellita de spray que aún huele a colonia; sustituyo unas ovejas en el abrevadero para así posibilitar que beban todas; Acerco la pastora del corderillo al hombro al leñador del haz de leña, a ver si acaban de enamorarse, aunque llevan más de diez años uno frente al otro y como si nada (como algunos ¿verdad?); Escucho los chismorreos de las lavanderas y las intercambio de lugar, para que así pueden variar el cuchicheo; Corro una rama para que tape bien al pobre cagón, porque me da cierto “repelús” que se le vea el culo con la caca colgando (como ocurre con muchos que salen en la televisión, que por asco que den y miseria que muestren, siempre están, qué cosas), pero se ha hecho tan popular el cagón que hay que ponerlo.

Pero ayer, día de nochebuena, cuando estaba haciendo mi popular recorrido por las figuras, me encontré con un intruso, es una figurita de resina, distinta de las demás, made in Marruecos, llena de carcoma y roída por casi todos los extremos, mirándola de lejos y haciéndola similitud, parece un joven inmigrante; lo cierto es que me acecha la duda de que hacer con mi nueva figura.

Le dejé en medio del belén, pero se sentía perdido, observado y chismorreado por todos, apenas necesitaba una pala para hacerse un agujero en la tierra y taparse, todos tan “engalanaditos” para el inminente acontecimiento y él lleno de hambre, como un raso “archipobre” o “protomiserias”.

Le pongo delante de Herodes, cara a cara, nariz con nariz (de igual a igual); para ver si éste se apiada dándole alimento y una decente vestimenta para la ocasión; uno tan guapo, tan elegante, majestuoso y impertérrito, y el otro, tan haraposo, frágil y endeble; pero aún cuando no había hecho más que acercarles, la guardia de Herodes se apresuró en sacarle a puntapiés de las fronteras del Palacio, sin apenas tiempo para el diálogo o para una nueva oportunidad; quizás la presencia física ha tenido más fuerza que su valía personal.

Cojo a mi joven intruso y le aproximo a mis queridos pastores, seguro que en medio de estos y cubierto de zurrones y demás pellejos pasaría desapercibido en mi nacimiento, además tiene barba y pinta de borrachín como para pasarse la noche cantando lo de “saca la bota María”, pero mayor es mi sorpresa, al ver que su mera presencia desvela enojos y cabreos, distancias y bochornos; tampoco el chozo es lugar para mi intruso, puede que las ovejas si le hubiesen aceptado como pastor de su grey pero los pastores no le han aceptado como compañero.

Tentaciones tengo de ponerle en el prado, junto al río Albal; pero seguro que hasta los mismos cerdos sacarían sus afilados colmillos para tajarle de abajo hasta arriba si ven atentada su intimidad o aplastado su manjar.

Finalmente, decido colocarle junto al cagón, quizás por ser las dos piezas más horrorosas del nacimiento, bien para que tape las vergüenzas de éste o quizás para que le ayude a subirse los pantalones; pero hasta éste se asombra de la miseria de su nuevo vecino sin percatarse de la suya, puede que sea por eso de que es más grande la mota del ojo ajeno que la viga del propio. Tampoco este es el lugar de mi intruso.

Realizo un vistazo general por el nacimiento, apenas me quedan lugares donde ponerle. El rostro de mi pequeño intruso está triste ante tanta negativa y frustración, no pretendo agrandar más su sufrimiento y opto entonces por dejarle fuera del nacimiento, la nochebuena está muy entrada y no quiero que me pille el Niño aún sin ultimar la colocación de mis figuritas. 
Y saco a San José al serrín del portal para que se oree y estire las piernas, antes de que se consume su paternidad; … pero cuando llegan las doce de la noche y me decido sacar al Niño para ponerle en brazos de su madre, como todas las navidades, descubro que no está; en mi vieja caja donde guardo mis figuritas de resina solamente yace el intruso, si ese joven al que no he encontrado sitio, pero ¿...y el Niño?

Confusos por loterías, cenas, rebajas, gastos tópicos, regalos, nostalgias y vanidades,... Dios sigue naciendo y no tiene la culpa de que estemos tan ofuscados, no sabiendo celebrar sencilla pero alegre y fraternalmente el Misterio de un Niño o quizás, porque no, de un joven intruso.

                        
                                                            JUAN CARLOS RIOS GUERRA

Fiesta de Santa Inés la vieja. Cómo la celebraban antes de los traslados
por   Ángel Rejón Pérez

    Allá por el año 1946/47 Santa Inés se presentaba puntual el 21 de enero aunque cayeran rayos. Nuestros paisanos la celebraban con fruición, pero se preguntaban si no sería conveniente moverla un poco la peana, y de paso la fiesta, a fechas de mayor bonanza. El cambio afectaría enseguida a los tres ingredientes que acompañan a las fiestas: misa, mesa y diversión. 
Ya se ha contado en otra parte que el tema se sometió a discusión y que democráticamente se ha ido pasando la fiesta a diversas fechas estivales. Los vecinos “puristas” (pocos) sostenían que cada día del calendario tiene su don -su santo patrón-, fijado por la Iglesia desde siempre, no sujeto a veleidades hedonistas. La mayoría optó por lo que es más común en tema de fiestas: el buen tiempo. Todo el mundo hace lo mismo.

Poco puede decir del baile que se organizaba quien con 9 ó 10 años apenas si sabía interpretar aquel apretujarse los unos contra las otras, o aquel navegar como en apacible regata, al son del Danubio azul, en las eras o en el local del tío Teótimo, en caso de mal tiempo. El espectáculo de las eras tenía algo de cuadro impresionista o de Pradera de San Isidro con los charutos aupados a un carro bien calzado y con un trillo por plataforma, dándole caña al imprescindible acordeón, a la trompeta, al tamboril y al bombo; todo ello entre dos o tres músicos.
El día comenzaba con la alborada: una especie de pasacalles a base de “El gato Montés” por la avenida central, mientras las calles trasversales eran cruzadas, como por centellas, por los chuchos asustados con los cohetes y los chavales nalgueábamos lo nuestro buscando por los prados, las eras y las huertas la caída de las varas como trofeos.

La misa tenía un relieve especial, pues era de las que nuestros padres llamaban “de tres en ringle”. La celebraban tres sacerdotes revestidos con las dalmáticas y ternos de rigor. El monaguillo pasaba a ser un don nadie aquel día. El incensario remedaba el botafumeiro santiagués y las campanas eran volteadas sin piedad por los mozos. El cantor oficial desgranaba en el coro todo el repertorio que la liturgia del día consagra a Santa Inés. Mérito tenía el hombre al atreverse con aquellos neumas sin perderse un “gorgorito” o retornelo del Introito, y con toda la Misa de Ángelus sin enredarse en los Kyries.
Pero lo más curioso era la consagración: frente al silencio sepulcral reclamado por la campanilla del monaguillo, los músicos atacaban, justo en el momento de alzar, la Marcha Real con el Oriamendi incluído y empleándose a gusto; eso sí: existía esta otra letra alternativa que, aprendida en la escuela, la tarareaban en sus adentros nuestros paisanos:
“La Virgen María es nuestra protectora, nuestra defensora, a nada hay que temer...”
Mirado con ojos de hoy el hecho sería entendido en clave política, pero en aquellos tiempos sólo era algo simpático e inocente: al momento álgido del rito le ponían nuestros paisanos el himno por excelencia, el nacional, con una letra religiosa. Eso era todo.

También en la mesa influía la bonanza o el frío del día. Cuando éste apretaba hasta el punto de clavar a anfitriones e invitados en la mesa, el consumo de carnes y bebidas se disparaba: había que ver las idas y venidas a la hornera y el trasiego de asadores rebosantes de viandas. Para nada servía la coplilla de pastores que ponía a las ovejas en extrema delgadez en estas fechas. Rezaba así:

Enero las quita el sebo, 
febrero las descoyunta,ellas 
en abril se mueren y 
a marzo le echan la culpa
.

Si las ovejas hablaran, dirían cosas como éstas: “Estos de Villambroz se van a comer este año hasta el cordero de Santa Inés...”, “...se mueren por nuestros cuartos traseros y por nuestros costillares, les da igual lo de la copla...” Y era verdad. A falta de entretenimiento y diversión, los invitados se hacían huéspedes sin hacerse mucho de rogar y la pagaban el anís escarchado, el aguardiente y los asados.

Pero los niños disfrutábamos las fiestas sin condicionamientos climáticos. Bien es verdad que con mal tiempo debíamos aplicarnos a los dulces de fabricación casera: rosquillas de palo, sequillos, mariquitas, mantecadas, medias lunas, corazones etc.; y renunciar al regateo con los vendedores de golosinas que nos recordaban sin cesar lo de “los mocos en las almendras” y trataban de proteger sus sacos de nueces y de avellanas, que empezaban a mostrar agujeros sospechosos.

Con la perspectiva del tiempo y vistos los cambos de fecha de la fiesta de Santa Inés, cobra sentido la discusión democrática de hace medio siglo y el que sea determinante la presencia de los de fuera. ¿Se ha encontrado la buena solución?; no está mal, en todo caso, aquello de que “cada día tiene su santo y su don”.

________________________

Ángel Rejón Pérez: Nació y fue vecino de Villambroz durante 12 años, hasta que se fue a estudiar, y mientras tanto su familia emigró a Bilbao, por lo que él ya no volvió a Villambroz, hasta muchos años después, que volvió de visita.  Sirva este escrito, para seguir recordándole; ya que hace algún año que murió, concretamente el 2 de septiembre de 2008..

 

 





Comentarios hacia esta página:
Comentado por:16-11-2017, 09:35 (UTC)
villambroz
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JUAN CARLOS RIOS GUERRA:

Muchísimas felicidades por el libro. Su mensaje, el lenguaje y su trasfondo. ...ha llegado hace unos días a mis manos y estoy enganchado a su lectura.....no es un cumplido mi felicitación es muy sincera. Animo. ...ya hablaremos en el pueblo más detenidamente....chapó! !!!!



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